Y llego la noche a Dusseldorf

Como si el agasajo del hotel fuera poco, Maximilian me sacó a la noche de Dusseldorf.

La verdad es que la merecíamos, porque el día fue muy trabajado.

Salimos a la vereda de atrás del hotel: la calle principal de la vieja ciudad (foto).

callecita

Un restaurante al lado del otro, pubs, gente bebiendo, comiendo, como si fuera el dia del Juicio Final.

El Juicio Final, llego para nosotros también, porque fuimos a un lugar conocido de Maximilian, un pub roñoso hasta la medula, viejo, con gordos barrigones de cerveza, y un mozo enloquecido corriendo entre las mesas, bah , barriles, no mesas!

Ni saludo, ya habían dos vasos de cerveza riquísima, suavecita al paladar, se deslizaba sola como un riacho sereno, por la garganta.

Brindamos, tomamos, zaz, otros dos vasos llegados del más allá, y dos marquitas más en la mesa.

Logramos meter un pedido de comida, pensando en un plato primero, otro después, cervecita, salchichita.

NO, todo junto arriba del barril como la foto lo indica.

salchichas                  cerveza sin fin

En realidad ya no había lugar para nosotros, ja!

Bueno, la comida se dejó comer y la cerveza no dejo de llegar……

La verdad es que no solo del castillo de los Medici vive el hombre, a veces hay que juntarse con el Otro, con la plebe. En fin.

Maximilian me había prometido un postrecito para después de cenar, y el que piense lo que están pensando, no, no fue así.

Lo que sí, fue, el lugar más recóndito del Hotel de los Medici, una cava de cigarros.

cigarros  caballeros fumando

Ese postrecito, no me lo esperaba….

Una salita, sillones de cuero, un cuadro antiquísimo en la pared de caballeros fumando ( foto), y vitrinas con pipas, más pipas, de todos los tamaños, de todos los materiales, y una variedad de cigarros, donde uno se da cuenta que tiene más grandes los ojos que la boca.

Esto ya se convirtió de la Casa de Medici, al Cuartel de la Gestapo, a un club ingles, donde dos caballeros, con sendas copas de Ron Zapaka y Whisky , departimos amablemente.

Fue un fin de jornada a todo lujo, gracias Maki.

Mañana, el retorno, pero sin tristeza ni melancolía.

Fueron dos días muy intensos.

También hay que saber gozar pero también hay que saber frenar

 

Un abrazo inmenso

Ernesto

Dusseldorf, madrugada del 5 de abril

 

 

Dusseldorf, empresario, mentoring, viaje

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