Orientación vocacional en la segunda edad

Esto recién empieza

 

Por Ernesto Beibe

Mentor de Mentores

 

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Estas cursando la “Segunda Edad” si tienes entre 55 y 75 años, seas hombre o mujer. Probablemente te acompaña un cortejo de dolores, desalientos e incertidumbre por lo que se viene. Es uno de los modos en que se presenta la Segunda Edad, la etapa superior de la existencia. Ese estado en el que los vértigos de la madurez conviven a tiempo completo con las facturas del pasado y los fantasmas de vencimientos venideros.

En este artículo sobran las buenas noticias. Comenzaremos a desarrollar el concepto de la “Orientación vocacional en la Segunda Edad”

Como mentor, llevo más de medio siglo dedicado todos los días del año a escuchar los relatos de mis clientes. Por eso, puedo dar fe de que el Mentoring, en mi largo recorrido, ha ayudado a miles de personas a decodificar su comportamiento, a desclasificar sus archivos. En definitiva, a desenmascarar las tramas que revelan la razón de sus conductas.

El Mentor impulsa la necesidad de vivir el presente. Alienta la posibilidad de satisfacer los anhelos propios. A ser responsables de lo que nos toca en suerte, a tener conciencia plena de nuestro lugar en el mundo. Y así, de esa manera, refundar nuestra vida a voluntad.

A nuestra edad los dolores de espalda no nos inmunizan de la capacidad de generar proyectos y tener ilusiones. Cada uno lleva el inventario de sus melodramas y busca la reparación y el consuelo.

Por eso es que, como Mentor, intento remarcar a todo aquel que se sienta identificado con esta sensación de terror, de abismo e inexorable conversión hacia el lado oscuro, prevenciones que a algunos piensan que les sucederá , pero si no cambian de pensar, tendrán razón, pero estarán equivocados.

Mucha gente piensa de esta manera, por eso afirmo, desde la autoridad que me otorga la experiencia de haber hecho cambiar en cantidad de personas los miedos por expectativas y entusiasmo , y hacerles comprender de que estaban atravesando por un momento vital extraordinario.

Quienes atesoran esta Segunda Edad debe comprender que hasta que uno no trabaja sus genogramas y sus miedos- no gozaran de la sensación de plenitud que conceden los años vividos hasta aquí.

No importa si son hombres o mujeres, empresarios de sus propias vidas, autónomos, cuentapropistas, si están en relación de dependencia. De la boca para afuera suelen mentar la dicha de jubilarse en uno o dos años, una ilusión en diferido, fogoneada por la presunta conquista de la “libertad”.

En el fondo intuyen que las promesas de libertad y libre albedrío no es otra cosa que una zanahoria interpuesta en el calendario.

Porque ya se han topado con una cantidad de personas, de ex compañeros de ruta, que al día siguiente de su pase a retiro comienzan a deambular solos, a enfermarse, a buscar ocupaciones alternativas. Porque todavía no tomaron conciencia que al quedar fuera del sistema productivo tradicional, NO quedarán afuera de la vida.

 

La crisis tan temida

 

Desde mi lugar de Mentor, y por haber transitado ya por esa edad saludable de los 55, 60 años, pese a los ligeros desajustes propios del desgaste corporal, me permiten sumar vivencias propias para, desde mis experiencias personales,, explicarles a mis clientes de  que “crisis” no es una mala palabra.

Por el contrario, es un quantum de posibilidades, de cambios, de equilibrios, del vivir una vida plena, porque nos lo merecemos, después de haber logrado sortear un tendal de adversidades, pero, querido lector, si estás leyendo esto es porque estás vivo, y las crisis no terminaron contigo. Es más: por experiencia sabes que no todo tiempo pasado fue mejor.

 

Más para hacer

 

Converso asiduamente con mujeres de 55 a 75 años, que ya no deben preocuparse del ceremonial de los anticonceptivos para hacer el amor. Es verdad que hay convenciones sociales que restringen, desmerecen o ridiculizan el encuentro de pares de estas edades. Sin embargo, la sexualidad dejó de ser un patrimonio de pulsiones urgentes para dar lugar a un espacio de placer y gozo sin reloj a la vista. Un juego e interjuego entre adultos que no serán tan activos sexualmente como a los 25 años, pero que aprendieron a dosificar otras formas de intercambio, de juego, pasión y ternura, registros que ahora no se contradicen. La aparición del Viagra y otras píldoras que renuevan el deseo evidencia que aún queda mucho más para hacer y más tiempo para disfrutarlo. No es poco volver a sentirse vivo, poder procurarse mutuamente placer, y reformular antiguas habilidades que el tiempo y la experiencia ayudaron a mejorar y profundizar.

 

Jubilarse es quedar en libertad y tiene un costo

 

Lo único que cuenta, si estás a punto de jubilarte, es comprender cómo vas a prepararte para llegar al día después de la jubilación, consciente de que vas a atravesar inexorablemente el duelo de la pérdida del entorno laboral y todo su ecosistema de protección. El compartir, los rituales en  las relaciones laborales, el cumplimiento de las normas impuestas sin margen para la sorpresa, cuando el cuerpo y el psiquismo fueron acomodándose a lugares fijos, incluso más allá de coleccionar ascensos o cambios de firmas.

Sabrás que no se te abrirá la tranquera para que salgas al grito de ”libertad, libertad, libertad” como muchos fantasean y a la semana ya no encuentran lugar, ni ocupación ni los saludos cordiales pero si, con las facultades mentales y corporales intactas.

Soy partidario de la idea de prepararse para el día después con paciencia, con lógica y con un plan de vida y de trabajo que nos mantenga entusiasmados, sobre la base de vivir el placer con aprovechamiento de todo lo aprendido, con o sin esfuerzos, con alegrías y tristezas, con una perspectiva de treinta años más en la brecha que nadie nos regalará, ni la economía ni la providencia ni la naturaleza. Nuestra generación es artífice de esta bienvenida prolongación de la existencia.

Para quienes no anteponen el día después de una jubilación a sus rutinas, porque tienen los medios para sumergirse en la tranquilidad que provee una seguridad económica. Para quienes transitan por la vida con la sensación de ser sobrevivientes y que por ello no encuentran un camino que los estimule. Para quienes  creen que están acabados, que ya no hay lugar para ellos. Para todos ellos hay una respuesta fundamental a ¿qué hago, a qué me dedico?

 

La respuesta está en saber o encontrar cual es la Identidad Soñada.

Según pasamos por distintas edades, adquirimos al nacer una Identidad Heredada

 En la juventud y la mediana edad desarrollaremos una Identidad Adquirida

 Y finalmente en la Segunda Edad podemos llegar a construir la Identidad Soñada, que es la verdadera vocación

 Buscar esta Identidad Soñada es una tarea que nos mantiene despiertos, creativos, ocupados, pletóricos de entusiasmo. Aquí no existe mas el piloto automático y es preciso que alguien de afuera nos ayude a encontrar el camino de lo que alguna vez quisimos pero no pudimos ser o hacer. Encontrar una vocación dormida, buscar una oportunidad creativa es otra, de eso también se ocupa el Mentor. Para desandar el sendero de una juventud que perdura aunque pasen los años.

 

Podrás leer sobre la Identidad Soñada en mi libro “Genograma y Mentoring”, en venta en Amazon, o en el Kindle *

En el debe quedan muchos deseos in progress. Lo que vamos a dejar, lo que realmente nos importa y lo que nos incumbe hoy. ¿Qué deseos me quedaron sin realizar? ¿Cuáles son factibles de satisfacer a esta altura, y cómo actuar en consecuencia? ¿Qué es lo que verdaderamente me interesa a la hora de plantearme ese deseo?

A diferencia de los años mozos, el tiempo de la experimentación está acotado. Lo que queremos hacer lo queremos hacer ya. Entonces debemos buscar respuestas al dilema ¿qué gustos aún no me di? ¿Cómo, con quién, dónde, disfruto la vida en el día de hoy?

Cada vida es única y sagrada. Por eso, con la ayuda del Mentor podemos descubrir lo más valioso que tenemos y cómo desarrollarlo y qué cambios debemos desarrollar para disfrutar de nuestras habilidades y atributos, cómo convivir con los defectos y cómo integrarlos. Porque el pasado no se debe cortar de cuajo, debe reconvertirse en el combustible que nos empuje hacia delante.

Esta vez, sin la exigencia de tener que cumplir con nadie, sin tener que rendir cuentas, sin legar en otros la responsabilidad.

 

Recobrar el  sentido del humor

 

Uno no puede vivir en perpetua alegría como tampoco en un melodrama sin remedio. La pérdida de seres queridos que quedan por el camino con una frecuencia mayor que antes sólo puede subsanarse con la inteligencia y la creatividad que motoricen nuestro presente para no quedar amarrados a la nostalgia. Los afectos no se reponen, pero una nueva red nos puede proveer de otros estímulos que nos renueven. Si uno aprende a ponerse contento cada vez que se despierta, a tener conciencia de las cosas que se propuso hacer, con el entusiasmo y la constancia necesarios para lograrlo, más temprano que tarde nos sentiremos vivos y no meros sobrevivientes que languidecen al paso del tiempo. Y si no podemos solos, no pasa nada. Pedimos ayuda. Sistematicé mi propia visión del Mentoring a través de una metodología confiable, macerada en medio siglo de experiencia, para solventar cualquier demanda de quien lo requiera.

 

 

Ernesto Beibe

ernesto.beibe@gmail.com

www.ernestobeibementor.com

 

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