¿EXISTE REALMENTE EL MIEDO?

El que teme sufrir, ya sufre el temor.

Proverbio chino

El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro.

Woody Allen

Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos.

Marie Curie

No hay que tener miedo de la pobreza, ni del destierro, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo.

Epicteto

Nada nos acerca tanto a tantos seres como el tener miedo juntos.

Margarite Yourcenar

La ignorancia es fuente de temores.

Séneca (2 AC-65) Filósofo latino.

Estamos viviendo un momento muy especial que llamaría de amedrentamiento y es donde los medios de comunicación, en su rol de portavoces de la cultura, van infundiendo en las personas, un temor mezclado con indefinición de algo que no se ve, no se oye, ni se toca, llamado: temor.

Estamos cursando momentos de ignorancia frente a este fenómeno que es el coronavirus, que amenaza ser, no ya una epidemia sino una pandemia.

Para entender mejor consultamos el diccionario de la RAE: Una epidemia es una enfermedad que se propaga por un país durante algún tiempo, mientras que una pandemia se extiende a otros países.

Si vemos los títulos de las noticias, aparecen como por arte de magia: 10 contagiados aquí, 100 allá, 25 en otra ciudad, tantos muertos en cierta zona, un crucero en cuarentena, como relámpagos que terminan hipnotizando a los lectores, a los radioescuchas, a los video espectadores.

Este puzle, éste “no saber” claramente, éste no poder confrontar con la verdad hace que la mayoría de las personas vivan en una irrealidad inasible, produce temores inasibles, prácticamente en todos los rincones del mundo.

Estos medios de comunicación intensifican los temores, convirtiéndolos casi en una psicosis colectiva, regada por el terror.

Es como una enorme bola de nieve, constituida por historias de pestes, gripes, epidemias y pandemias que asolaron oportunamente la humanidad y que es muy difícil, casi imposible apartar de la memoria colectiva.

Frente a este cúmulo de inseguridad e incertidumbre, se genera un sistema inestable vivido como riesgo y peligro, no solo para el conjunto de la humanidad, sino que atraviesa a cada uno de nosotros.

La expresión en mis consultantes es la de “tener miedo”.

No confundamos, no es que yo considere que no debemos estar preocupados y buscar todo tipo de prevención frente a este fenómeno de la naturaleza, porque fenómeno no solo son los ciclones y los terremotos, sino también los daños que produce el hombre, que forma parte ineludible de la naturaleza.

Lo que no significa de ninguna manera que debamos tener miedo. Porque el miedo paraliza y no permite generar defensas, autodefensas y prevenciones frente a este fenómeno aun desconocido, que es la propagación aleatoria de este virus.

Finalmente, ¿que es exactamente el miedo? ¿Como lo definimos?

El miedo es un sentimiento que dispara un sistema de defensa y huida, y puede expandirse con la misma intensidad que el virus que nos preocupa.

Relatare tres hechos donde el miedo era un fantasma que intentó paralizar acciones en tres de mis clientes.

 Estas tres anécdotas ilustran que como incide el miedo irracional en lo personal, y como un método estratégico simple pudo resolver y llegar a superar estas parálisis, que no eran mas que un producto de sus propias limitaciones.   

Es el ejemplo de un cliente adulto-joven que tenia que entrar a la sala de operaciones en una intervención muy complicada. Repetía constantemente: ¡tengo miedo!

Destilaba adrenalina por todos sus poros.

Lo resolví fácilmente con un estuche, un simple monedero de cuero y le di la siguiente instrucción:

Coloca el miedo en este lugar.

Que te acompañe hasta el quirófano y durante el transcurso de la operación.

Los médicos se avinieron a este pedido, y le permitieron conservar a su lado, el estuche de marras conteniendo su miedo.

No era un talismán, realmente su seguridad consistía en que el miedo le acompañaba, pero fuera de su psique y su cuerpo.

Exactamente se repite esta situación, con una mujer joven y su miedo de viajar en avión, para salir de vacaciones a un lugar ansiado.

Igualmente le ofrecí poner el miedo en un porta-cosméticos, objeto que le acompañaría en sus viajes.

Nuevamente explique que no era un amuleto, sino que sería el depositario de su miedo con el que viajaría, pero liberándola de sufrirlo en su cuerpo y su mente.

El tercer ejemplo es más complejo, porque se agrega una variable: el pánico.

Este consultante, era un compositor que organizo un espectáculo musical. La sala estaba completa y quedaron muchas personas sin poder participar del espectáculo.

El era el presentador, y unos minutos antes de subir el telón, me convoco a su camarín diciéndome no saldría a aparecer frente al público, porque estaba paralizado porque fue “atacado de un pánico escénico”.

Le aclaré en ese corto lapso, que el pánico es miedo al miedo.

Tenía miedo de tener miedo, con lo cual éste pánico se volvía cada vez mas profundo, más inasible, sin cuerpo, sin peso y sin lógica.

Le entregué mi propio monedero, vaciado de las monedas y le ofrecí poner sus miedos adentro y que lo acompañaran en su salida al escenario.

También a el le informe que no era un talismán mágico, que no debía tocarlo, sino saber que en su bolsillo estaba contenido su miedo.

Por supuesto los aplausos fueron para él, pero confieso que yo me sentía también asociado al acontecimiento.

De estos ejemplos se desprende claramente que el miedo no es una situación orgánica.

Era simplemente producto de situaciones de inseguridad y auto ataques.

En un caso porque no confiaba en los médicos, el otro, que no se permitía el gozo de comenzar a gozar de unas merecidas vacaciones, y del tercero, que tenia un nivel de exigencias tan alto, que quedo paralizado, llamando a esta reacción, “pánico escénico”

Finalmente, la naturaleza humana esta en una perpetua búsqueda de liberarse del miedo, de la necesidad de la seguridad.

Basta que uno le ofrezca un juego intelectual de aliviarse, y esto sucede, aunque, repito no es por arte de magia.

Es porque el miedo es una construcción social, es nada más que un sentimiento, del que puede ser desdramatizado y liberado cuando la persona deposita su confianza en alguien, en este caso en mi.

En otro nivel puede ser inducido, exacerbado e incorporado a través de la amenaza, como sucede en los aeropuertos si pita el scanner, o la sensación de miedo y culpabilidad cuando uno traspasa las puertas de una gran tienda y suena un timbre. Automáticamente uno se pone a la defensiva, asegurando que es inocente de un dolo.

El miedo no es igual a la sensación de peligro.

La sensación de peligro se manifiesta en un estado de stress, de ansiedad y angustia que nada tiene que ver con el miedo.

Es una alerta frente al peligro, no al castigo que acompaña a un sentimiento de culpa, que lleva inexorablemente al miedo

La realidad es que portamos un cerebro muy antiguo, llamado cerebro reptílico.

Sobre este cerebro de la supervivencia ya me explayé en artículos anteriores.

Es este cerebro, un residuo de la evolución humana, cuya función es alertar de los peligros reales o imaginarios.

Frente a un peligro detectado, el cuerpo reacciona de tres maneras: ataca, huye o se paraliza. En estos momentos de ataque, huida o parálisis, no tiene cabida el miedo. Solo son acciones de supervivencia, donde no entra la palabra “miedo”, sino la palabra “stress”.

A la percepción del peligro, no lo llamamos miedo.

Reitero, miedo es una concepción lingüística y social que no tiene que ver con la fisiología corporal.

Es cierto que los medios de comunicación pueden sembrar terror, pueden generar pánico, o sea miedo al miedo, pueden alimentar el miedo de las personas, generando situaciones en ciertos casos, de fin de mundo.

Una cosa es la prevención y la prevención no es por miedo.

La pre-ocupación y la pre-vención no es por miedo, es la manera en la que la civilización pudo aprender a cuidarse sea por fenómenos climáticos, o en el área de la medicina, poder inmunizarse frente a determinadas dolencias e incluso deterioros graves.

No es mas que un sistema de supervivencia, buscando la resiliencia, o sea la resistencia al quiebre.

Este articulo no es para negar, ni aplacar “miedos”, sino para darle una dimensión real a esta palabra, ya que nuestro trabajo como mentores, es poner la palabra exacta para definir situaciones de la realidad. Y de esto se trata, porque lo que no se puede nominar, no existe.

El miedo se infunde, lo recibimos de afuera hacia dentro.

En nuestro interior podemos tener desasosiego, ansiedad, angustia, stress, temor, terror, pánico, paranoia, preocupación, en suma, no se trata de ocultar las emociones internas, sino nombrarlas, detectarlas, pensar-nos sobre que las causa, para gestionarlas y reconducirlas para nuestro propio bien.

Estamos hablando de utilizar el control racional y el manejo de las pasiones y los impulsos más comunes a la especie humana.

El trabajo del mentor es colaborar poniendo en palabras la realidad del fantasma amenazante, que no es más que una sábana extendida sobre un madero, que se agita con el viento y que en algunas personas tiene visas de realidad que le genera un miedo paralizante.

Saquemos esta sábana, descubramos que debajo no existe mas que nuestra imaginación

Desde Barcelona, marzo de 2020

Ernesto Beibe

Mentor

Tel./WhatsApp: +34 628 698 809

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