Es muy habitual en las empresas de todo tipo, el desconocimiento y la confusión acerca de las palabras “poder”, “autoridad” y “liderazgo”.

iStock_000011183088XSmallComo se sabe y se discierne de quien detenta el poder, quien tiene una autoridad legítima de aquel que lidera?

Hay quienes tienen poder, pero no autoridad ni ejercen un liderazgo.

Por ejemplo, una secretaria del gerente de la empresa, o la esposa del dueño de otra.

Tienen (y ejercen) mucho poder sobre aquel que “se supone tiene el poder”

Entonces: ¿quién manda?

Hay quienes tienen autoridad, porque son legitimados por sus conocimientos, o experiencia, pero jamás pueden llegar a tener poder sobre sus colaboradores.

En la empresa se los inviste de autoridad, pero no mandan.

Son, por lo general, especialistas en sus áreas de conocimiento, se dedican a desarrollar lo que saben, y en esto son autoridad.

Hay quienes son líderes de grupos, la gente los instituye como líderes, ejercen el  poder en forma muy limitada y tienen una autoridad sobre muy pocas personas, pero no sobre toda la organización.

Esta confusión aumenta y se potencia en el caso de Empresas Familiares.

Veamos un caso: el fundador de una empresa familiar, la formó y la con-formó tomando gente a su cargo, sobre la cual tenía un poder muy amplio.

El poder de la estabilidad económica y laboral de las personas.

Esto hacía que sus empleados u obreros, fueran sumisos a sus criterios y órdenes, pero no que lo respetaran e instituyera como un líder.

Cuando la empresa creció, entró su hijo a trabajar, pero al haberse capacitado se situó en un lugar de autoridad por sus conocimientos.

Ocupaba un lugar de legitimidad y autoridad, que los subordinados le conferían, pero no su padre, que confundió “poder” con “autoridad”.

El poderoso, ya sabemos, debe mantener su poder desde un lugar de fuerza, no de legitimidad, y comienza a hacerle la guerra, no solo a su propio hijo, sino a la figura profesionalizada de su organización.

En esta tierra de nadie, en esta disputa desde la incomprensión y la violencia del poder, creció un líder entre los empleados, que finalmente capitalizó parte del poder y la autoridad.

 La empresa estaba a punto de quebrar por la falta de poder, autoridad y liderazgo legítimos.

 Porque no comprendieron los alcances de cada una de las funciones, que deben coexistir en toda organización humana, pero no pueden ocultarse, duplicarse, encimarse, porque llevan a estados de confusión de quienes son los receptores de órdenes o consignas para el desempeño de sus labores específicas dentro de la empresa.

Con la participación y ayuda del Mentor, esta empresa pudo seguir adelante.

Porque pudieron aclarar los roles y los lugares de incumbencia de cada uno en las áreas de conducción.

 Porque para poder conducir a una empresa en forma exitosa, es muy importante una amalgama de estos lugares de poder, autoridad y liderazgo.

Amalgama es una conjunción de metales, donde cada metal conserva sus propias características y se complementa con los otros para lograr dureza, elasticidad, resistencia, armado.

Así el poder que da el ser dueño del lugar de trabajo y los ingresos de otros, combinado con la autoridad de conocer a fondo su materia de trabajo y el liderazgo establecido con  hechos nobles y constructivos, puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso de una empresa, y dar tal fuerza al empresario, o al empresario inteligente que pueda compartir estas cuotas de poder, autoridad y liderazgo.

El Mentor, que no está en un lugar de poder, ni de liderazgo, pero si de autoridad en su materia específica, que es ver toda la empresa en forma global, limpiar los canales de comunicación, ayudar a concienciar los límites entre rol, función y tarea, es quien puede ayudar a discernir y a comprender por donde pasa el poder, quien lo detenta, quien es el más apto para ayudarle a armar un lugar de autoridad, y como lograr líderes positivos que ayuden a mantener el tejido social de la empresa.

 

Prof. Ernesto Beibe

Mentor Personal

ernesto.beibe@gmail.com

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