45 años

Director: Andrew Haigh

Intérpretes: Charlotte Rampling, Tom Courtenay

Producción: Reino Unido, 2015

93m. Drama

Del refranero español:

Cuanto mas se tapa la olla, mas hierve.

 

 

Esta película nos demuestra como un secreto, un ocultamiento en la relación de una pareja o de integrantes de una familia, puede disolver vínculos, y provocar heridas profundas en alguno de sus integrantes.

 

Asistir a su proyección, es una fiesta para los ojos, desde la marcación del director, las luces, los paisajes, las vistas de una pequeña ciudad, hasta la actuación perfecta de los protagonistas.

 

A esta película no le falta ni le sobra ni un fotograma.

 

En la pantalla vemos dos actores moviéndose lentamente, lo que nos permite observar los diálogos corporales y las conversaciones tácitas, expresadas casi en un idioma mudo gracias a la expresividad de los gestos.

El único que da muestras de vida es un perro, que mientras aparece y desaparece, le da movimiento al film que funciona como un teatro intimista.

 

Sin embargo, no son los dos actores los protagonistas del film.

 

El tercer protagonista, que aparece desde el comienzo y se mantiene hasta el fin de toda la trama, es el ocultamiento, que cobra peso, forma y figura, en forma permanente.

 

Como el obstinato del bajo en una sinfonía.

 

El ocultamiento toma forma de tristezas, de soledades, de duelos no resueltos, de ensoñaciones, de añoranzas, de culpas, de incomunicación, de destructor de una vida entera de la relación de cada uno de los integrantes tras 45 años de pareja que por fuera se veía establecida, pero por dentro era totalmente des-pareja, porque cada uno vivía su propia realidad.

 

La película al comienzo está planteada como la problemática de personas de la cuarta edad, pero en realidad toca las fibras de todo aquel que comienza, está en su apogeo o por terminar su relación de pareja.

 

No hay edades ni un momento determinado para el ocultamiento, ya no se trata solamente de un compromiso roto, de desbaratar el contrato de una fidelidad concertada, sino la traición tras una máscara de bonhomía y cariño, que deja al otro paralizado, inerme, y en una soledad absoluta.

 

En la vida real, quien rompe el acuerdo de fidelidad con su pareja por lo general deja rastros para ser descubierto, porque la culpa y la responsabilidad son inherentes al comportamiento social.

Tan es así, que las evidencias que va dejando a su paso para que el Otro las descubra, permiten que el tercero en discordia quede a la vista.

 

Se resuelven las cosas con un pedido de perdón y un otorgamiento o no, de la dispensa.

Hay ocultamientos mas graves donde van quedando las mismas huellas, pero la contraparte se hace la distraída, porque factores de peso (o de pesos), o de comodidad, lo vuelve cómplice de una situación triangular.

 

Pero cómo resolver este drama planteado en el film, donde por espacio de 45 años el marido no sólo conserva un secreto, sino que oculta también una pasión que podríamos llamar inmortal, porque el centro de los rituales de este hombre, es una mujer muerta a la que él hace revivir una y otra vez a espaldas de su esposa con quien convive hace tantos años, y justo en la semana del gran festejo de aniversario, le cuenta acerca de un amor anterior que ella desconocía.

 

Hay personas que pasan por grandes amores antes de establecer un vínculo real y posiblemente duradero, pero no es este el caso, donde un amor anterior detenido en el tiempo y literalmente congelado sigue vigente, y no sólo por añoranza, sino por rituales que vuelve a revivir y transportar a su amor del reino de los muertos al reino de los vivos.

Charlotte Rampling, la protagonista, con gran maestría y gestos precisos nos va develando su incredulidad, primero frente a la noticia que acaba de recibir traída del más allá de su historia de convivencia, por su marido, que en una suerte de confesión a una semana de festejar el 45 aniversario de su boda, trae una realidad impensada y desestabilizante, por sentirse torturado ante el ocultamiento durante todos estos años de convivencia llevando una vida paralela, por no haber podido plantear claramente al comienzo de esta relación, blanqueando el hecho donde perdió la vida al caer desde un glaciar su primer esposa embarazada.

 

Hábilmente el film pasa por la obsesión permanente y una presencia de la ausencia, que deja fuera del juego a su esposa y compañera de 45 años de convivencia, pero a la cual jamás se entrego entero, en contraposición al rol de cuidadora, enfermera, amante y entregada completamente a su relación con Geoff, que así se llama el encubridor, ocultador y simulador que hace de su desván un altar para adorar y seguir amando a escondidas a su primer mujer y al niño que portaba en sus entrañas.

 

Prácticamente deja en descubierto su secreto, no hay que dar más de dos pasos y subir los diez escalones al desván, para encontrarse con otra vida bajo su techo. Eso es lo que hace Kate, siguiendo las pistas claras y concretas que deja deslizar su pareja.

 

Durante la mitad de una vida, 45 años, dejó que el secreto no trascendiera y de pronto, en la semana del festejo de su aniversario, no sólo no se molesta en ocultarlo, sino que deja rastros entre lo que dice con medias palabras, lo que calla y lo que sigue vigente como una sutil tela de araña interpuesta entre él y su mujer, que al conservar vivido el recuerdo de una muerta, pone una veladura entre los dos, que durante esta semana crucial, se va a convertir en una pared detrás de la cual él seguramente seguirá en compañía de sus muertos, y ella quedará irremisiblemente sola, de una soledad que nubla su mirada, que la envejece en un tris y que la amarga desde el fondo de sus entrañas.

 

Desde la lectura que hace el Mentor no es lógico penalizar esta conducta, porque en realidad, el individuo es menos libre de lo que cree.

Es portador de secretos y lealtades y se pasa pagando deudas y culpas del pasado, continuando sin saberlo, todo un sistema de auto- castigo que lo empuja a repetir, quiera o no, lo sepas o no, acontecimientos dolorosos y de quiebres.

 

Frente a una situación disfuncional de un duelo no elaborado, es lógico enjuiciar a una persona alienada que no puede salir por sí misma de esta trampa?

 

Cuando se va corriendo el halo de misterio y las cosas comienzan a tomar sentido, quedan al descubierto las idealizaciones frente a la culpa real o imaginaria de este protagonista perforado por el dolor y por el secreto que fue enterrado, pensando tal vez que al no develarlos, tal como lo expresa el protagonista, lastimaría menos a su segunda mujer en el júbilo de su boda.

 

Que error!

Cuántas amarguras podía haber evitado si hubiese resuelto el conflicto a tiempo. Cuanto esfuerzo inútil, ofensivo y desgastante para su pareja.

 

Pero se nos presenta una duda, y por eso dejo este final de película abierto: estaba receptiva su actual mujer para absorber tanto dolor?

 

 

Desde Barcelona, Diciembre de 2015

 

Ernesto Beibe

Mentor de Mentores

www.ernestobeibementor.com