Colaboración de Teresa Garcia-Gill

La duda mata el proyecto, paraliza, en cambio la incertidumbre es una realidad y hay que tenerla en cuenta al emprender un proyecto. 

La duda paraliza. La consciencia y aceptación de la incertidumbre no paraliza, sino que da la justa medida al proyecto. Es decir: no hay certidumbre de que ese proyecto concreto desemboque en lo que uno se proponía al iniciarlo, pero, una vez convencido de su valor, uno debe avanzar en su realización, poner todos los recursos en marcha y seguir adelante en su realización, sin dudar. 

Lo que resulte puede ser lo proyectado u otra cosa. La dinámica de la vida y la creatividad son condición sine qua non para realizar el proyecto, pero no son garantía de que ese proyecto resulte en lo que uno imaginó.

Dinámica. Creatividad. Coraje. Energía. Flexibilidad. Plasticidad. Convicción.

La conciencia de que el desenlace es incierto debe estar presente al emprender un proyecto. Esa lucidez, permite aceptar la frustración si se presenta. 

La frustración no es sinónima de fracaso, es inevitable y hay que aprender a vivir con ella, a aceptarla como una realidad de nuestra condición humana. No debe uno enamorarse del proyecto, pero sí poner pasión en su ejecución, energía, creer en él y, a la vez, estar dispuesto a que no resulte tal como lo concebimos. 

Si se acepta la frustración, se sigue adelante sin vivirlo como un fracaso sino como una etapa más en el proceso creativo, sea cual sea su índole. El camino llevará a una nueva realidad, abrirá la mente y, una vez aceptada la frustración, surgirá otra senda y otro desenlace que quizás resulte más interesante que lo que uno se proponía inicialmente.  

Pienso que esto se aplica a cualquier proyecto, tanto de índole profesional como artística o vital.

Teresa García-Gill 

Agradecemos a Teresa Garcia-Gill por su colaboración en la ampliación y difusión de conceptos desarrollados por Ernesto Beibe.