Desinterés, inactividad, indolencia, negligencia, poltronería, abandono, acidia, descuido, desgana, desidia, abulia, dejación, dejadez, desmotivación, estupor, aburrimiento, inacción, indiferencia, pasividad, tedio, atonía, inmovilidad, marasmo, paralización.

Ahora mírese al espejo, y si no encuentras en ti ninguna característica de las nombradas, busque a su alrededor y encuentre en un padre, un hijo, un hermano, o un amigo, personas que van perdiendo confianza e interés en sus propias posibilidades, luego en sus propios proyectos, con el consiguiente sufrimiento y falta de ganas de vivir.

En el ámbito laboral, simplemente en muchos de sus empleados, donde estos sinónimos le pueden hacer perder a usted horas productivas, y tiran abajo la moral de sus compañeros de trabajo.

Debemos ser cautos al observar detenidamente estos comportamientos disfuncionales, discerniendo entre las persona realmente afectadas, de los vagos, ociosos, perezosos que los hay en nuestras empresas pero más en nuestras familias. (en otro artículo nos ocuparemos de encontrar a los “docentes“ de vagancia que tiene cada familia)

Es importante también, discriminar estos estados de ánimo en alguien que ha sufrido una pérdida o un shock anímico, donde estos síntomas son normales, ( decimos este bajón pasará) ,de las personas  que portan estructuralmente esta forma gris-oscuro de ver la vida.

Por eso distinguimos “bajón” y estado de tristeza , distinguiéndose de aquellos que viven en “un estado de abulia”.

Estos últimos son los que padecen de la llamada impotencia adquirida.

Estos adultos, a este estado de desinterés, desmotivación estructural y de desapasionamiento, no llegaron por generación espontánea, lo han aprendido.

Un niño de hasta 5 años no presentan estos estados de estupor, salvo, claro que tengan una patología.

Un niño deslegitimado, un niño permanentemente despreciado, corregido, invalidado, sobreexigido, no tomado en cuenta, al cual le cortaron sus sueños y sus alas de imaginación.

A un niño donde nada de lo que hacía era suficiente, un niño burlado por su padre o madre, un niño con promesas permanentemente frustradas, llega a la adolescencia y a la adultez como un árbol yermo.

Para subsistir dependerá íntegramente de la opinión de los demás, de las órdenes que pueda buscar y recibir para resolver sus tareas en forma mediocre, pero JAMÁS tendrá la libertad interna para sentir que puede, que puede crear cosas nuevas, que puede conducir su vida en un espacio de dignidad y libertad.

La autovaloración de estas personas esclavas de su pasado esclavo, prácticamente no solo no existe, sino que además, pueden generar muy poca energía propia y lo peor, se sienten impotentes y faltos de recursos que no entienden ni saben donde procurarselos.

En suma, no viven, sobreviven, como parásitos de otros. Parasitan tiempo, energía, fagocitan proyectos y su negatividad permanente erosiona las ideas y el entusiasmo de otros.

Estas personas pueden desarmar un grupo de trabajo, pueden destruir un matrimonio, pueden envenenar relaciones sociales.

Por supuesto tienen beneficios secundarios de no tener que jugarse nunca y no responsabilizarse de sus actos. Se escudan el no puedo, pero la realidad es que efectivamente no pueden.

En fin, viven, un infierno al cual tal vez nunca hubieran llegado sin la “ayudita” de sus padres.

En su angustia existencial por salir de la trampa, es muy frecuente que estas personas desmotivadas caigan en manos de falsos profetas, libros de autoayuda, conferencias con mágicas promesas, ciclos irresponsables que prometen salidas a corto plazo y fáciles a un problema que se conformó a través de toda una vida.

Al tomar en cuenta estas opciones de salidas cuasi mágicas, la persona  lo único que  logra es justificarse, en muchos casos autoengañarse, y con todo esto, fija y agrava  el síntoma, a caballo de que un párrafo mágico lo va a salvar, que mirarse al espejo cada mañana o meditar 10 minutos y decir: tú puedes,  lo va a sacar del estado de desidia, cuando en realidad sólo encuentra justificación para seguir en este estado de parálisis y disfuncionalidad crónica. 

Estas personas a las que hemos descrito con no poca vehemencia, sin embargo tienen un trasfondo de mucha inteligencia emocional, son muy lúcidos en otros aspectos de su vida, y tienen un potencial trabajable, que es del cual partimos en el Mentoring para cambiar su realidad.

Nuestra labor consiste en un entendimiento profundo de su historia personal, descubrir dónde se generaron las heridas e improntas de las que hoy adolece.

A medida que va comprendiendo cómo fue su devenir en la deslegitimación, en la desvalorización, el Mentoring  comienza a tejer con él un sistema de defensas frente a la irracionalidad, y le comienza a dar valor a sus acciones, volviendo a generar un círculo virtuoso de empoderamiento y la valoración de sus sueños y proyectos.

Con esto último, el acompañamiento en cada hito de su llegada a las concreciones. No hay nada más sanador que ver como lenta e indiscutiblemente se llega a logros en lugares donde antes solo hubo desinterés , desidia , apatía y desmotivación generalizada, y la creencia muy fuerte de toda acción que emprendiera llevaría inexorablemente al fracaso.

Acompañado de un Mentor logrará deponer sus miedos profundos de fracasar, intentará dar primero un paso y después otro, comenzara a ser proactivo, conocerá sus atributos básicos a partir de los cuales construir nuevas realidades en sus relaciones consigo mismo y el medio.

A lo largo de tantos años de trabajo, en el Mentoring estamos claros que este tipo de personas con tanta desesperanza,  sin la ayuda profesional de alguien que pueda comprender, compartir, compadecerse no podría llevarse a cabo ésta metamorfosis.

 

Prof.Ernesto Beibe

Mentor

ernesto.beibe@gmail.com

www.ernestobeibementor.com