En un artículo previo hablamos de Burnout, del quemarse un motor en vuelo, las razones, las implicancias y las posibles soluciones para prevenir y salir de estas situaciones.

Esta situación se da generalmente en los dueños o mandos altos y medios de las Empresas.

Esta vez nos toca entender las ausencias y accidentes de trabajo de los que son víctimas los empleados y obreros.

En los primeros tiempos del trabajo, se pensaba que las jornadas debían estar llenas de esfuerzos y sudor, y la causa de los accidentes laborales se atribuía a la fatalidad, o a la mala suerte.

O al disgusto de los dioses. Así fue como algunos gremios comenzaron a nombrar santos y vírgenes como sus patronos protectores: San Isidro Labrador para los agricultores, Santa Bárbara para los mineros, por ejemplo.

Más tarde, el paradigma era el sustituir la fatalidad como única razón de los percances en el trabajo, describiendo el “acto inseguro” protagonizado por un “trabajador inseguro” que provocaba su propio accidente. Comenzó a tenerse en cuenta además que los “actos inseguros” tenían relación con las “condiciones inseguras”

Junto con la noción del acto inseguro apareció la idea de la “distracción” como causa fundamental, lo que supondría ignorar algunos conceptos de neurofisiología y psicología básica: “la atención es una función psíquica definición “fatigable”.

Si se quisiera un trabajador que no se distrajese tendría que reemplazarse por una máquina que haga exactamente lo mismo.

Y estos accidentes por heridas, traumas, golpes, quebraduras, con el correspondiente nivel de ausentismo se dan, paradójicamente en personas que tienen buenas condiciones de salud, suelen ser inmunes a gripes o indigestiones, no son torpes.

Hoy es muy difícil que una empresa no tenga normas de seguridad y salud (aunque sea muy difícil que todas se cumplan)

Es verdad que muchos accidentes ocurren porque el incumplimiento de las normas tiene una correlación directa con el desacuerdo con ellas y en el hecho de que los trabajadores muestran mayor confianza en sus propias estrategias.

Pero esto da accidentes aislados.

Existen en las empresas accidentes en cadena, como una fila de fichas de domino verticales, que cuando cae una, arrastra a las demás.

De los accidentes que hablaremos, son los que se sobre agregan a la tasa normal de accidentes que pueden darse en una Empresa.

Desde mi lugar de Mentor me tocó asistir a una serie de empresas donde un mismo accidente se daba en un tiempo dado, con una patología común a mucha gente con diversos roles, funciones y tareas dentro de la misma empresa.

En este artículo tomaremos como hecho específico las quebraduras.

Los traumatismos músculo- esqueléticas de carácter leve o grave, que no tienen solo incidencia por accidentes de operarios en contacto con maquinarias.

Estos accidentes de quebraduras se dan también en empleados administrativos o vendedores dentro del ámbito de la empresa, “in labore”.

Pero también pasan en gran porcentaje “in itinere”, yendo hacia o desde el trabajo.

Como Mentores, partimos de la certeza de que los trabajadores no son los causantes de los accidentes, son sus víctimas.

Que nuestro rol es conocer sus causas, no los culpables.

Entonces, la pregunta del millón es: qué lleva en una Empresa a que los empleados y obreros padezcan de tal déficit de atención, que no puede cuidarse?

Que fuerzas ocultas, o no tanto “tironean” de la gente hasta quebrarse?

Hemos comprobado este tipo de reacción en empresas donde en la cúpula se dieron cambios de conducción.

Cuando cambia un sistema de liderazgo por otro, las personas que trabajan en las empresas deben alinear su sistema de lealtades.

Esto necesariamente produce un caos, y dentro de este “yo por ti me rompo todo”, o “estoy dividido en dos”, o “me tironean de ambos lados”,  pasan estos tipos de accidentes de los que hablamos.

Y una baja laboral por estas quebraduras, o golpes o heridas, al ser por causas muy claras de relación, lealtades y por tanto, “psicológicas” es tres veces superior a la duración media del tiempo de recuperación de cualquier otro accidente. Además, como vimos, se da en cadena. Porque la mayoría de los accidentes no son debidos al cansancio acumulativo o a los ritmos de trabajo rutinarios, sino que deben su existencia al período de adaptación al nuevo entorno de conducción laboral.

Por lo general, me consultan dueños, CEOs, gerentes de empresas que se ven desbordados por esta “manifestación silenciosa”, donde como repito una y otra vez, el cuerpo habla, los cuerpos hablan.

Resolver este conflicto, porque no es más que un conflicto, no es difícil.

Primero hay que tomar conciencia de esta situación de caos inexorable que se da en el traspaso, ordenado o no, querido o no, violento o no de liderazgos.

En todos los casos las personas tienen un tiempo de adaptación a un nuevo régimen que hay que respetar.

Los síntomas de quebraduras se manifiestan en forma virulenta cuando se quiere apurar este proceso.

O cuando alguien que toma el liderazgo no sabe que quiere, esta confundido, y confunde a su vez a los demás.

Por eso, y en consecuencia con el dicho” la escalera se barre de arriba para abajo”, es importante que los responsables de la empresa entiendan que también a ellos les cabe la responsabilidad (NO LA CULPA) por lo que pasa con sus colaboradores.

Al ser un síntoma de desajuste del trabajador en la organización, se deben establecer formas de abordaje “personalizado”, orientado no solo al  individuo, sino a las personas y a los emergentes que producen estas situaciones de stress.

No comprender, asumir y enmendar a tiempo este sistema de presiones vuelve en mayores costos directos e indirectos:

a) en la productividad, por los daños

causados a las máquinas, por el tiempo de reparación de las mismas…

b) en el rendimiento, se produce una baja en el rendimiento por la reacción psicológica

del accidentado y de sus compañeros.

 

Prof. Ernesto Beibe

Mentor

Ernesto.beibe@gmail.com

www.ernestobeibementor.com